Cómo escribir buenos prompts: guía práctica para sacarle partido a la IA
Aprende a escribir prompts eficaces con la receta de cuatro partes (papel, tarea, contexto y formato), con ejemplos antes y después y los cuatro errores más comunes.
La misma herramienta puede darte un texto inútil o uno excelente según cómo le pidas las cosas. Escribir bien esas instrucciones («prompts») es una habilidad práctica que se aprende en una tarde y se mejora toda la vida.
Un prompt no es una contraseña: es un encargo
Un prompt es el mensaje con el que le encargas una tarea a un modelo de lenguaje. Cuando apenas dice «háblame de marketing», el modelo tiene que adivinar demasiadas cosas. Cuando dices para quién, con qué extensión y con qué objetivo, dejas de apostar.
La receta de cuatro partes
- Papel: «Actúa como profesor de secundaria» o «como editor de un diario». Le da un registro y un punto de vista.
- Tarea: el verbo concreto. «Resume», «clasifica», «reescribe», «compara». Un solo verbo por petición.
- Contexto: el material de entrada y las condiciones. «Este texto es una norma escolar, el público son padres de familia».
- Formato: cómo quieres la salida. «Cinco viñetas», «tabla de dos columnas», «máximo 120 palabras».
Antes y después
Vago: «Escríbeme sobre ciberseguridad».
Útil: «Actúa como docente de un colegio de Comas. Escribe 5 consejos de ciberseguridad para padres de familia sin conocimientos técnicos, uno por viñeta, con un ejemplo cotidiano cada uno y máximo 25 palabras por viñeta».
La segunda versión tiene papel, tarea, contexto y formato. No es magia: es precisión.
Cuatro errores que se repiten
- Pedir varias cosas a la vez. Si quieres un correo y además una lista y además un resumen, pide una cosa por mensaje.
- No dar ejemplos. Un solo ejemplo del resultado esperado mejora la respuesta más que diez líneas de adjetivos.
- Creer que la primera respuesta es la definitiva. Corregir es parte del trabajo: «más corto», «sin tecnicismos», «cambia el tono, es para niños».
- Confiar sin verificar. Los modelos se equivocan con seguridad. Los datos importantes —cifras, leyes, fechas— se comprueban en la fuente original.
Pedir a la IA que te haga preguntas
Un truco que casi nadie usa: «antes de responder, hazme tres preguntas para entender el contexto». El modelo deja de adivinar y la respuesta final mejora notablemente, sobre todo en trabajos largos: un plan de clase, una carta, un proyecto.
La ética empieza por la transparencia
Si la IA redactó un texto que vas a publicar, dilo. Si un dato vino de una IA, verifícalo. Usar estas herramientas no tiene nada de malo; presentarlas como trabajo propio cuando no lo son, sí. Esa es la línea que enseñamos a los estudiantes: la IA ayuda a pensar, no reemplaza el criterio.
Con estas cuatro partes —papel, tarea, contexto y formato— ya estás por delante de la mayoría. La práctica siguiente es repetirlo con tus propios casos hasta que salga natural.